
A tus abrazos, sitio donde yo, martir voluntario, encontré mi lugar,
A tus ojos parpadeando, el único país donde el sol no se pone,
A tus labios, murmurando y despidiendo palabras donde me puedo acurrucar,
A tus manos, que escribieron con mil sílabas una eterna realidad,
A tus caderas, que de un lado a otro se mueven reafirmando así lo que eres, bella
A tu presencia...Adiós.

